Mendingando por medios electrónicos

Juan Mascuñano es ingeniero informático, ha trabajado de programador y todos los días, desde hace 18 años, se le puede encontrar en el mismo sitio: mendigando en el suelo de la Gran Vía madrileña, a la altura del número 41.

Desde hace un tiempo, también pide ayuda a través de las redes sociales: tiene Twitter, dos páginas de Facebook desde hace varios años y un perfil de LinkedIn en el que cuenta su experiencia profesional en el mundo de la informática. También se ha abierto una cuenta de PayPal para recibir donaciones que enlaza siempre que puede bajo un sencillo mensaje: “Ayúdame a salir de la calle”.

El saco de dormir que hoy le abriga lo recibió por parte de uno de sus donantes habituales. Hasta el ordenador que utiliza, se lo obsequió otro de sus habituales contribuyentes. Con él creó varias páginas de Facebook, un perfil en Twitter y otro con su curriculum en Linkedin. También patentó un sitio web llamado www.zpitu.es, un portal de películas pero que si pinchas para que ver alguna te redirige a uno de apuestas. Trabaja desde una casa okupa en Carabanchel, donde tiene luz, un frasco donde hace sus necesidades e internet brindado por la vecina. “Yo podría hackear la contraseña, pero se lo agradezco”. Cuando ya no le queda comida, sale a la calle, a la Gran Vía, donde en promedio reúne 20 euros diarios. Los días buenos 100. Y una vez, hace unos años, “antes de la crisis que lo estropeó todo”, según comenta, recaudó 4.700 euros una noche en la que hacían -7 grados.

Juan insiste en sus mensajes. “Soy Juan Mascuñano Torres, soy real y soy discapacitado”, escribía en uno de sus primeros tuits. Ya había recibido comentarios de gente que dudaba de que su perfil ‘online’ fuera real y que le acusaba de estafador. Ahora, en su foto de perfil de Twitter, se puede ver su DNI. “Me preguntan si no me da miedo ponerlo, pero ¿qué van a hacerme?”, ríe mientras señala el reflejo de su condición actual: un saco en el suelo junto a un par de monedas de poco valor.

Casi 20 años lleva Juan en la calle. “Me separé de mi mujer y dejé de ver a mi hijo, me quedé vacío”. Al poco tiempo, él mismo dejó su trabajo de programador. “No tenía la responsabilidad de tener una familia y quise probar por mi cuenta. Me fue mal”. Juan recuerda cuando empezó a pedir. “Al principio me hacía hasta gracia, no me lo tomaba como algo que me estaba pasando en serio. Pensaba que sería temporal. A los cuatro años, me di cuenta de que ya no podría salir de aquí”.

Para Juan, el anhelo actual es que alguien contrate sus servicios de programador y hacerle un jaque mate a la vida. ¿Lo ayudarías a salir de la calle?

About the author

Manuel Moreno

Veinticuatro años. Venezolano. Escritor de pasatiempo y amante de la buena vida. Emprendedor y aventurero. Mente de ingeniero y corazón de músico.

Twenty four years old. Venezuelan. Writer of hobby and good life lover. Entrepreneur and adventurer. Engineer's mind and musician's heart.